estudiante que recorrió el mundo para conocer y aprender de un gran sabio. Luego
de conocer a su maestro, el estudiante inmediatamente comenzó a decirle todos
los conocimientos que había adquirido en su viaje. Mientras el maestro escuchaba
atentamente, le sirvió una taza de té al pupilo. El estudiante tomó un respiro
de tanto hablar y observó que la taza se había llenado y sin embargo el maestro
continuaba sirviendo.
«Maestro, mi taza está llena. ¿Por qué continúas
sirviendo?» preguntó el estudiante.
«Eres muy parecido a esta taza» dijo
el sabio. «Tan lleno de conocimiento que hay poco espacio para el crecimiento».
El estudiante había recibido su primera lección por parte de su maestro:
El comienzo de la sabiduría es saber que no sabes.
Esta lección es
especialmente importante para aquéllos de nosotros que ya estamos en un camino
espiritual. Luego de unos cuantos años de arduos estudios, generalmente sentimos
que hemos aprendido la verdad. Esto quiere decir que pronto aprenderemos la
verdad real: que siempre hay mucho más por aprender. Después de todo, si hemos
aprendido todo lo que hay por aprender, o ya hemos aprendido bastante, ¿por qué
continuamos teniendo interrogantes, problemas y caos en nuestras vidas?
Existe un manantial espiritual que contiene todas las soluciones y
respuestas que buscamos en la vida, y se vuelve más accesible a través de
entender que no sabemos tanto como pensamos. Desafortunadamente, cuando pensamos
que entendemos más de lo que creemos, limitamos los obsequios inherentes de este
manantial. Éste empieza a entregarnos su abundancia sólo cuando entendemos que
no sabemos tanto como pensamos. Creemos que entendemos la Biblia, la ciencia, a
nuestra pareja, a nuestros amigos, a nuestros hijos, pero en realidad existe
mucho más por conocer. Siempre hay más por descubrir.
Todos somos como
el estudiante cuya taza estaba muy llena con sus propios pensamientos, ideas y
creencias. Mientras más dejamos ir, más nos podemos abrir para entender incluso
las más grandes verdades.
Al saber que no sabemos, nos abrimos a
aprender mucho más.
Todo lo mejor,
Yehuda
que está enseñando Kabbalah.
dio todos los conocimientos de la sabiduría. Estudió por tres meses todas las noches
como hacen los Kabbalistas.
su Maestro no se lo decía, sino que se desviaba y el se iba con un gran deseo
de aprender más.
le dio una alegría indescriptible, sin embargo a partir de ese momento empecé a
tener ego en mi vida, y mientras “mi grandeza” crecía, de la misma manera mi Maestro
se distanciaba de mi. No me di cuenta de ello así que esto continuo por tres
meses. Desapareció a partir de ahí ya no lo pude encontrar en ningún lugar,
había desaparecido de su vida. Fue muy claro a mis ojos que yo me había
distanciado de él, y él se había distanciado de mí, así que empecé a corregir
mi comportamiento. Cuando lo volvió a encontrar, le pidió disculpas y el así lo
hizo y le reveló otro gran secreto pero ese día también se dio cuenta de que su
Maestro estaba muy debilitado. No puedo describir mi dolor cuando él murió
porque mi corazón estaba lleno de deseo de aprender. Olvidé todo por el dolor,
empecé a pedir, a llorar etc., cada momento del día pedía misericordia y pedía
que en su corazón hubiera otra vez posibilidad de que fluyeran las enseñanzas
profundas y así fue y no solo volvió sino que vino aún más sabiduría. Mi Maestro
fue un exitoso hombre de negocios muy conocido pero me pidió que no revelase s
nombre.
hacer milagros en nuestra vida.
deseo por parte de la vasija
ofreció conocer la sabiduría de la Kabbalah. Este hombre me enseñó los
secretos. La luz da la Vasija recibe.
Ashlag empezó a tener deseo por la Luz, despertó.
Comenzó a tener Ego. La Luz se retira para que la vasija pueda hacer su trabajo
en este mundo tiene que llegar a la cuarta fase.
