Del 6 al 12 de enero de 2013
Uno de los grandes regalos de poder viajar
alrededor del mundo diseminando esta sabiduría es que puedo conectar con muchas
personas. Generalmente escucho a aquellos que asistieron a una charla
introductoria y comentan que se sintieron inspirados y que les gustaría aprender
más acerca de la Kabbalah pero no tienen tiempo. Incluso para quienes reciben
las Afinaciones, frecuentemente leo que utilizar esta sabiduría los ayuda en sus
vidas, y que gracias a ellas les gustaría tomar clases o conseguir un maestro y
comprometerse realmente con el camino de cambio, pero están muy ocupados con el
trabajo por el momento, tal vez el siguiente mes. Por supuesto, cuando llega el
siguiente mes, generalmente están con algo más que los mantiene ocupados.

Casi cualquier forma de espiritualidad concuerda con la idea de que el
verdadero propósito de nuestras vidas es fortalecer nuestra conexión con el
Creador. Entonces ¿por qué, incluso aquellos de nosotros que creemos que esto es
verdadero, gastamos tanto de nuestras vidas haciendo cualquier cosa menos lo que
vinimos a hacer en este mundo?

La respuesta yace en la siguiente
historia: Una vez existió un rey que estaba muy enfermo. Dijo que cualquiera que
pudiera sanarlo tendría garantizadas dos horas en el tesoro real para que se
llevase todo el oro, los diamantes y rubíes que pudiera recolectar. No pasó
mucho tiempo antes de que uno de los consejeros del rey lo curara y se le diera
acceso al tesoro. Una vez sanado, el rey estaba preocupado por dar mucho de sus
riquezas. Así que ingenió un plan para distraer al consejero. El rey sabía que
este consejero en particular sentía una increíble pasión por la música, así que
contrató a cientos de los mejores músicos para que tocaran las más hermosas
melodías dentro de de la cámara del tesoro mientras el consejero reunía su
fortuna en esas dos horas.

Cada vez que el consejero se acercaba a una
de las joyas, aumentaba el volumen de la música para distraerlo. A veces, un
nuevo instrumento se agregaba y él tenía que tirar todo para ir a ver con
entusiasmo. Al tiempo, se dio cuenta que sus bolsas estaban vacías y que mejor
empezaba a recoger el tesoro, pero era muy tarde. Su tiempo había terminado.

Nosotros somos como el consejero: nos distraemos. Cuando empezamos a
enfocarnos en el verdadero propósito de nuestras vidas, el Oponente, nuestro
lado negativo, siempre desviará nuestra atención. Una buena forma de vencer esa
voz es no darle espacio para que entre en primer lugar. Cuando ocupamos nuestros
pensamientos y nuestro horario con nuestro trabajo espiritual, con compartir,
con otros, con conectar con la Luz, ¡entonces no hay espacio para las
distracciones!

Vivir un camino espiritual es difícil cuando tus
conexiones vienen y van. La Luz es constante, y cuando somos constantes en
nuestra espiritualidad, atraemos constantemente la Luz a nuestras
vidas.

Siempre habrá una razón para no estudiar, para no compartir, para
no comprometerse, ¡porque así trabaja el Oponente!

Hasta que un día sea
muy tarde para recibir todos los tesoros que la Luz tiene destinados para
nosotros.

Cuando dejamos de poner excusas y realmente nos
comprometemos con el camino de cambio, comenzamos a vivir el propósito de
nuestras vidas.

Todo lo mejor,

Yehuda 

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Estramos empezandoa recorrer Vaera, la segunda porción del segundo libro., donde di-os se presenta con tsta frase Yo Soy Dios». El maestro Eitan Yardeni en su momento compartió lo siguiente:
El primer precepto – «Yo soy Dios» – indica que antes de caer en la trampa de las situaciones y los altibajos por los que pasamos en la vida, y con frecuencia incluso espiritualmente estamos atrapados con comprensión ¿por qué las cosas suceden a nosotros, cuál es la causa real es de un dolor particularo el sufrimiento o la enfermedad o de prueba, que nos está siendo más específico y en particular, tenemos que tener la conciencia general de que es: Dios está en el cuadro grande.
  Todo es para bien. Si no tenemos esta comprensión general del cuadro completo, entonces nunca seremos capaces de descubrir nuestras lecciones y crecer, porque vamos a centrarnos demasiado en las situaciones particulares, y es que un problema. Muchas veces estamos tan atrapados con los detalles sin tener la conciencia de ser cierto que es para bien.
 Eso es lo que el precepto: «Yo soy tu Dios» quiere decir – que estamos seguros que todo es para bien, que la fuerza de Dios existe en todas partes y en todas las situaciones … en medio del caos, en el medio de nuestros errores, después del hecho, antes de los hechos.
 ¿Cuál es la fuerza de Dios? La fuerza de la bondad. ¿Qué es la fuerza de la bondad? Que todo conduce hacia el bien. Después del hecho, no podemos lamentar y ojalá hubiera sido diferente después del hecho, porque el bien existe a pesar del dolor, a pesar de la dificultad, a pesar del error.
 Así que muchas veces, Satan quiere que nos concentremos en los detalles … y lo haría élutilizar la tecnología espiritual que nos haga pensar: «Vamos a aprender mi lección, pero ¿por qué tiene que pasar? «Antes nos permitimos con la certeza de ser fuerte de todo es para el bien, él quiere que pensar: «Voy a tratar con los detalles. Me ocuparé de mis lecciones.  Más bien, antes tenemos que estar en un estado elevado de confianza. Nosotros tienen que estar en un estado de saber que va a conducir hacia las bendiciones
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