a los problemas de las otras personas en vez de encontrar las respuestas a los
nuestros? Es como manejar un automóvil. Cuando estamos en nuestro propio
vehículo, no podemos verlo realmente. No vemos los insectos en nuestros faros
delanteros, o la suciedad en nuestras puertas y neumáticos. Pero en relación a
los otros autos en el camino, nosotros vemos la suciedad tan claro como el día.
Cuando se trata de los desafíos que enfrentan nuestros seres queridos,
algunas veces observamos soluciones potenciales y queremos ayudar a limpiar la
suciedad para que ellos puedan disfrutar un mejor recorrido. Cuántas veces has
querido decir a un amigo: “¿No puedes ver que si sales de esta relación abusiva
serías mucho más feliz?” o, “Has estado utilizando la misma táctica de negocios
por años y continúa fallando, ¿no piensas que es tiempo de intentar un nuevo
enfoque?”.
El problema es que ellos están en sus propios autos con sus
propios puntos ciegos, incapacitados para ver lo que tú ves. Así que sus
reacciones pueden ser negativas. Podrían insistir en que estás equivocado o
podrían ofenderse.
Los kabbalistas enseñan que existen dos
prerrequisitos para dar un consejo. 1. Una persona da un consejo sólo cuando se
lo piden. 2. El consejo puede ser dado cuando puede ser correctamente recibido.
Esto significa preguntarnos a nosotros mismos: ¿Esta persona está en una
posición en la cual se siente realmente lista para escuchar esto? ¿Existe una
forma de decirlo sin herirlo/la? ¿Debería esperar hasta que esté en un mejor
estado de ánimo?
Una de las más grandes restricciones de nuestro
maestro el Rav fue no decir a los estudiantes lo que necesitaban cambiar.
El Rav estaba en un estado de conciencia tan elevado que él veia todas
las soluciones. Por supuesto, al desear ver a sus estudiantes manifestar
completamente el potencial que tienen, ¡él quería compartir todo lo que había
visto! Pero al hacer restricción, nos dio algo mucho más poderoso que un
consejo. Nos dio la Luz para descubrir las respuestas nosotros mismos.
Sin importar cuánto amemos a una persona, no podemos pelear sus
batallas. Lo que podemos hacer es darles Luz. Podemos ser pacientes y amorosos,
ofrecerles un hombro en el cual llorar y un oído para escucharlos cuando más lo
necesiten.
Nuestro amor puede inspirar el cambio mucho más que
cualquier consejo que deseemos impartir.
Esto no quiere decir que no
habrá momentos en los que una intervención será necesaria, o instantes en los
que sea verdaderamente correcto compartir ideas que puedan ayudar a alguien en
su camino.
Incluso en esos momentos, es la Luz que compartimos la que
los asistirá para que se eleven por encima de los desafíos, no nuestras
palabras.
Todo lo mejor,
Yehuda

Mucho por aprender y tener presente en esas ocasiones en que se pone a prueba mi paciencia y amor, admiro a Moisés, grandes tareas le encomendaron!
Gracias Prana!
Saludos,
Adriana M.