diablillo en tu hombro izquierdo y un ángel en tu hombro derecho. He visto esta
misma imagen en las películas y en los dibujos animados, con el chico indefenso
y atormentado entre el ángel que susurra en un oído y el diablillo gritando en
el otro. Por lo general todos podemos identificarnos con esto.
Sin
embargo, la Kabbalah nos enseña que éste no es el caso. Sin importar lo mucho
esto pueda parecer verdad en cierto momento, nosotros no somos entes indefensos
y atormentados entre dos fuerzas opuestas. De hecho, estamos muy lejos de ser
indefensos. Tenemos todo el poder. Uno de nuestros más grandes dones es la
habilidad para escoger cuál fuerza vamos a activar en nuestras vidas: la
positiva o la negativa.
Caer presa de la influencia de la negatividad no
requiere mucho de nosotros. Escoger la negatividad no es un acto voluntario sino
una ausencia de esfuerzo. Elevarnos por encima de lo negativo y escoger conectar
con lo positivo requiere un gran esfuerzo. Como un sabio Kabbalista dijo
una vez: “Escalar una montaña es difícil pero caer de ella no requiere trabajo
en lo absoluto”.
La voz negativa siempre es más ruidosa que la voz
positiva. Se requiere una decisión activa de nuestra parte para apagarla, pero
debemos saber que está siempre dentro de nuestro poder hacerlo. No somos
víctimas de las circunstancias. Sin importar los escenarios, es absolutamente
posible controlar nuestra conciencia a través de ello. Al escoger una conciencia
positiva, creamos una realidad más positiva para nosotros y para otros.
Es con este conocimiento que podemos entender que nuestra experiencia de
vida verdaderamente depende de nosotros.
Observa lo malo y
experimentarás lo malo. Observa sólo lo bueno y experimentarás sólo lo
bueno.
Esta semana, recuerda que escoger entre la conciencia
positiva y la conciencia negativa es la única decisión que realmente
hacemos.
Todo lo demás derivará de esa decisión.
Todo lo
mejor,
Yehuda
